–No, señor –recuerda Tamara haber respondido–, nada, se lo juro…
Pero el interrogatorio apenas empezaba.
–Ahora –dijo el sujeto–, tú vas a decirnos la verdad.
Luego, los otros dos agentes que estaban en la habitación comenzaron a golpearla
La vara
“¡Muérete, putita! –escucha Tamara, al volver en sí– ¡Es lo menos que te mereces!”
Pero la joven amordazada apenas tiene tiempo de respirar, cuando nuevamente es introducida en una bolsa grande de basura, que luego sellan, impidiéndole respirar.
Cada vez que cae desmayada le retiran la bolsa, y luego repiten el tormento.
Luego de un tiempo indeterminado, los interrogadores la arrastran hasta una habitación contigua, donde le retiran la venda de los ojos.
Ahí la espera un hombre enmascarado y con ropa de civil, que le muestra un cúmulo de fotografías de tres cadáveres femeninos. Tamara supone que se trata de las tres mujeres cuyo asesinato pretenden atribuirle.
Antes de devolverla al cuarto de interrogatorios, el hombre enmascarado llama la atención de Tamara para que observe bien una foto, aquella en la que se ve a una de las víctimas, con una vara insertada en el recto. “Esto es lo que te vamos a hacer a ti”, le adelanta.
La confesión
Tamara continúa atada. No sabe cuántas horas han pasado desde su arresto y ahora yace, recostada, sobre una mesa. Ha sido despojada del pantalón y la ropa interior. Alrededor, percibe la presencia de varios sujetos.
“…Aquí vas a tener muchos amigos –dice el hombre, cuyo rostro percibe la joven muy cerca del suyo–. Hasta fila están haciendo para ti”.
–Ellos comenzaron a tocar todo mi cuerpo –narra Tamara–. Me alzaron el brassier y sentí sus manos por por todo mi cuerpo. Me tocaron mis nalgas y me insultaban: ‘Ahora vas a saber lo que es bueno. Estás buena, maldita puta’, me decía (el interrogador), y luego les ordenó a los otros oficiales: ‘¡Volteenla!” Y fue cuando grité: ‘¡No, señor, yo lo hice, pero le suplico que no me hagan nada, se lo pido!’.
–Vas a cooperar entonces –dijo el hombre–. Vas a hablar.
–Sí, señor, lo que usted diga. Pregúntenme lo que sea, pero no me violen…
El proceso
Aunque Tamara fue extraída de su casa a la 1:30 horas del 18 de junio de 2010, la orden de presentación en su contra no fue emitida por un juez sino hasta las 5:08, es decir, casi cuatro horas después.
El Ministerio Público no investigó lo ocurrido entre la hora de su captura y el momento en que agentes judiciales de Tabasco la presentaron formalmente.
Dos días después, el 20 de junio, la joven fue presentada en una conferencia de prensa encabezada por el procurador estatal, el general Rafael González Lastra, como copartícipe en el asesinato de tres mujeres, presuntamente violadas y ejecutadas por integrantes del cartel de Los Zetas.
El médico legista, identificado como “Doctor Sánchez Morales”, inscribió en su reporte ministerial que Tamara presentaba escoriaciones en brazos, que no ponían en riesgo su vida, no dejarían cicatrices ni la incapacitarían laboralmente.
Sin embargo, tras un examen independiente se constató que había pruebas de tortura y agresión sexual, que se sumaron a la retractación formal de la confesión firmada por la joven durante el primer interrogatorio al que fue sometida.
HRW destaca, además, que, en el caso de esta y otras víctimas, “funcionarios judiciales actuaron en connivencia con miembros de las fuerzas de seguridad para inventar supuestas confesiones”. Los sujetos detenidos como autores materiales del homicidio de las tres mujeres, y quienes implican a Tamara, presentaron testimonios idénticos, lo que “confirmaría la falsedad en la confesión de la joven, (dado que) si bien es natural esperar que las confesiones de cómplices en un delito presenten similitudes (…) la repetición estándar y con las mismas palabras de detalles insignificantes (…) sugieren de manera contundente que las cuatro versiones fueron redactadas por una misma fuente”.
Tamara continúa en prisión, en espera de ser juzgada.
(Caso tomado de Historias del Narco.com)